SHE-RA Y LAS PRINCESAS DEL PODER: DÉJATE DE HÉROES, NOSOTRAS SALVAMOS EL MUNDO

(Cuidado, spoilers)

Sí, sí. Ha quedado claro que en esta, nuestra humilde página, nos pirra la representación. Así que, mientras veía She-Ra: The Princesses of Power, tenía clarísimo que se merecía un huequito aquí.

La serie de Netflix es un reboot de su homónima de los 80 (la cual no he visto) (perdón por haber nacido en el 96); y que sigue las aventuras de Adora, una prometedora cadete de la Horda que descubre que es la reencarnación de una legendaria princesa guerrera llamada She-Ra. Hasta aquí, la historia de aventuras estándar.

Ajá, de eso nada.

Adora es la encarnación de la belleza occidental clásica: blanca, ojos azules y pelo rubio, alta y delgada. También es bruta, fuerte e incansable y el tema de su belleza no le molesta ni un ápice para soltar mamporros. Le cubren las espaldas, y son absolutos protagonistas también, la princesa Glimmer, una jovencita que está buscando su propio lugar, y Bow, un arquero que no conoce las palabras “masculinidad tóxica”. Los tres son inseparables, amigos hasta el final y darían sus vidas por los otros.

El elenco de la serie se completa con las demás princesas, diversas, encantadoras y luchadoras, y los malos malísimos Lord Hordak, Shadow Weaver y la que fue la íntima amiga de Adora en la Horda, Catra.

¿Qué hace tan especial a esta serie? Bueno, a parte de la obvia carencia de cisheterosexualidad de todos los personajes, se centra en temas como la amistad, la lealtad o nuestras creencias. Adora sigue el Camino del Héroe, sí, pero tiene constantes dudas, sufre el Síndrome del Impostor, no se ve capacitada para ser la guerrera que su mundo necesita. El mensaje general es que la unión hace la fuerza, que una sola persona no puede llevar todo el peso sobre sus hombros y que para eso están los amigos, para ayudarnos cuando más lo necesitamos.

Pero esta serie no se queda ahí en cuanto a transgresión de una narrativa aparentemente infantil, siguiendo la estela de otras series de animación dirigidas a este público, como Steven Universe. Como vemos con personajes como Entrapta o Scorpia, estar en el bando de los malos no te convierte en uno. Entrapta simplemente desea investigar, y Scorpia es una persona dulce y amigable, incluso con su amenazante aspecto físico, que está ahí por simple azar. El mundo no es blanco y negro. Tiene muchos grises. Eso también recae en el personaje de Catra, uno de los más complejos y cuya evolución merece la pena apreciar.

Otro punto a favor es el diseño de personajes. Sí, Adora es muy mona, pero le importa un bledo. Cuando es She-Ra, es una tiarrona con unos muslos que podrían reventarte la cabeza, que lleva una faldita sobre sus pantalones, unas botas cómodas (todas las princesas de la serie original iban con tacones) y una armadura que no la sexualiza (menos mal). Glimmer está rellenita, el diseño de Mermista bebe de la India, Frosta tiene rasgos asiáticos, Bow va con un crop top y lleva un corazón enorme en el pecho.

Comparación entre la She-Ra de los 80 y la actual. No sólo no lleva tacones (no se ven en la imagen), si no que su atuendo es mucho más práctico y no nos han colado a una jovencita pechugona dirigida para que los señores disfruten. 

Si yo con 10, 12, 14 años, hubiese tenido a personajes como Glimmer, que en ningún momento parece afectada por su físico (idéntico al mío), y que es simpática y amable, pero también desastrosa y cabezota, me hubiese ahorrado unos cuantos años de auténtica miseria por mi cuerpo rechoncho.

Es que no les sale ser hetero ni queriendo. 

Si yo con 10, 12, 14 años, hubiese tenido una historia en el que un grupo de mujeres con poderes mágicos, purpurina y arcoíris se unen para luchar contra un maléfico señor que parece odiar la naturaleza, habría aceptado mucho antes que las mujeres nunca fueron mis enemigas.

No recuerdo ni una sola serie de mi infancia que no tuviese un arco argumental con una historia romántica, que solía incluir al protagonista. She-Ra también se pasa esto por el forro, y nos hablan de amistades, aunque haya relaciones de fondo, como la de Angella y el padre de Glimmer, Mermista y Sea Hawk o, la mejor de todas, Netossa y Spinnerella.

Las madres lesbianas que yo habría querido tener. 

Por supuesto, cuando tienes un poco de ojo, la relación de Adora y Catra parece tener otros tintes, más allá de la amistad-enemistad, aunque al ser la primera temporada, aún no hemos entrado tanto en ese terreno. Ahora bien, la escena del baile no me parece casualidad. Sólo lo digo.

Esto ocurre en la serie. Esto no es un fanart. Repito. ESTO NO ES UN FANART. 

Pero eso no nos distrae de la narración principal: Lord Hordak quiere hacerse con Eternia para convertirla en una monstruosidad con aires de polígono industrial, y la Alianza de las Princesas, comandadas por She-Ra, son la última esperanza del planeta. No es casualidad que los malos sean oscuros, que su ambiente sea asfixiante e industrial, mientras que las heroínas protegen la naturaleza y a quienes la pueblan.

¿Qué? ¿No os suena de nada? ¿No se parece un poco al mundo en el que vivimos? ¿Señores malvados que envenenan todo? ¿Lo veis ya?

She-Ra crea un discurso de lucha contra aquellos que dañan nuestro planeta, de la amistad y la unión para hacerle frente al poder de quienes amenazan nuestro hogar.

Incluso dedican un capítulo a hablar sobre que no es tan importante tener poderes como saber usar tus propias habilidades para pelear.

Bow, por ejemplo, no tiene poderes, pero eso no le impide luchar por la Rebelión. Y ser super cuqui. 

Todo envuelto en purpurina, brillos, princesas que no son rescatadas y guerreros tiernos y amorosos.

No sólo es un chute de buen rollo, amor y narrativas necesarias. She-Ra quiere enseñarle a toda una generación de niñas que se arremanguen las faldas y sujeten sus coronas, porque la lucha está ahí fuera, porque no podemos quedarnos de brazos cruzados en “nuestros reinos”. Porque tenemos que unirnos, porque juntas somos mucho más poderosas que ninguno de esos que nos pisotean.

Que se quiten de en medio los príncipes azules, ya nos encargamos nosotras solitas.

Esto es por si a alguien no le quedó claro durante 13 episodios de qué iba la serie. 
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