AnsibleFest Bilbao

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Logo del AnsibleFest

El Ansible, tal y como fue acuñado por Ursula K. Le Guin en su novela El Mundo de Rocannon, es un dispositivo de comunicación más rápida que la luz, que permite conectar a seres de distancias interestelares en cuestión de momentos.

Y es, en cierta manera, lo que ocurrió en Bilbao el 21 y 22 de septiembre.

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Entrada del Ansible.

Es, probablemente, una metáfora bastante trillada ya el decir que pasar la puerta del Ansible fue como viajar a otra dimensión. Supongo que se habrá dicho ya que atravesar el pasillo oscuro era una especie de transición entre nuestras vidas mundanas y la infinidad de universos imaginables que esperaban dentro. Pero no por usada la metáfora pierde su validez: la ciencia ficción pasó de ser algo solitario, en diferido — alguien escribe en solitario para que otra persona, años después, pueda leerlo a solas también — a ser algo compartido, directo, vivo.

 

 

Nuestras vidas cotidianas, fuera del recinto, estaban a galaxias de distancia. No podíamos ser un público más diverso. Y, sin embargo, el Ansible nos conectó. Como el de Ursula. Una vez más. No creo exagerar al decir que hay algo de mágico en ello.

Hay pocas cosas que decir del evento en sí que no se hayan dicho ya (sobre todo porque este artículo sale casi dos semanas tarde, oops). Podría hablar sobre la charla del viernes, Hermanas del futuro: pioneras de la cifi, sobre cómo las mujeres estamos y siempre hemos estado ahí, sobre cómo la ciencia ficción no es sólo naves espaciales y pistolas láser, sino que también puede ser una herramienta política para demostrar que el patriarcado capitalista y colonial no es más que uno de los muchos mundos que podríamos construir, e imaginar otros no sólo es posible sino necesario. Podría hablar sobre Fabricando humanxs: reproducción, cifi y feminismo, sobre el poder de la cifi para permitirnos examinar desde la seguridad del cristal de la ficción temas tan candentes como la gestación subrogada o la posibilidad de los úteros artificiales. Podría hablar sobre el afrofuturismo, de la ciencia ficción en Latinoamérica, de cómo el colonialismo ha creado una ciencia ficción hegemónica que no es, ni mucho menos, todo lo que el género tiene que ofrecer. Podría hablar sobre Feminismo y masculinidades en los videojuegos, sobre cómo los hombres son fantasías de poder mientras que las mujeres están sexualizadas (“Si no sabes si es una fantasía de poder o sexualización, fíjate en si el personaje está enfadado cuando está en bolas”). Podría hablar sobre los cuerpos e identidades femeninas en el cine de cifi, sobre cómo los directores masculinos pueden concebir universos fantásticos completamente diferentes a la Tierra… en los que las mujeres reproducen exactamente los mismos roles de género. Podría hablar de Viñetas de otros mundos, de la preciosa producción de cómic de ciencia ficción que tenemos aquí, ahora.

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Charla sobre Feminismo y masculinidades en los videojuegos

Pero es probable que de todo eso se haya escrito ya.

Por eso, prefiero escribir sobre lo que todo esto supone. Porque creo que el Ansible es más que la suma de sus partes, creo que es mejor escribir sobre lo que implica un espacio en el que hablar de la ciencia ficción feminista, queer y decolonial.

Seamos sinceras, la ciencia ficción mainstream siempre ha sido un espacio hostil para las mujeres, más aún si una es queer, racializada, o ambas. Tampoco hace falta que me explaye en esto. La ciencia ficción es la casita del árbol que construimos nosotras (Mary Shelley, Octavia Butler, Emilia Pardo-Bazán) y de la que después ellos tomaron propiedad y a la que no nos dejaron entrar a jugar. O, más bien, a la que entrábamos colándonos por la ventana, de noche, o con bigote postizo y nombre falso. La casita del árbol a la que dedicamos nuestro tiempo, esfuerzo y pasión, y enfrente de la cual nunca pudimos posar para las fotos. La casita que algunas pasamos de largo, porque el cartel de ‘No girls’ nos asustó tanto que ni siquiera nos atrevimos a acercarnos. Hablo en pasado, pero lo sigue siendo: no hace tanto de la campaña en Change.org para volver a grabar el episodio VIII de Star Wars sin mujeres. Y, como decía Virginia Woolf, necesitamos una habitación propia. Pero a mi me parece que, además de eso, necesitamos saber que no estamos solas. Que no estamos locas. Que no somos las únicas que creemos que es injusto no poder entrar.

Creo que para mi eso es lo que fue el Ansible. Más allá de las charlas, que me encantaron. De los talleres, en los que aprendí muchísimo. De la feria editorial, en la que dejé a mi cartera temblando. Lo que realmente me llevé de la experiencia fue una sensación de comunidad. De que escribir ciencia ficción no sólo me estaba permitido, sino que era algo positivo. De que nuestro punto de vista es diferente, porque nuestras vivencias lo son, y que tenemos historias dentro de nosotras que nadie más puede contar, porque nadie más ha vivido nuestra vida. De que merecemos que esas historias sean contadas. Y, sobre todo, de que hay gente dispuesta a escucharlas. De que no estamos solas. De que somos tantas, pero tantas tantas, que no cabemos en las sillas.

No sé cómo darles las gracias a Laura GaelxLaura HuelinArrate Hidalgo y Laura Lazcano por esto.

Espero que sea el primero de muchos.

 

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